El asesino invisible

Como cada mañana, a eso de las doce, cojo mi mochila naranja y salgo de casa para ir al gimnasio. En cuanto asomo al rellano, un pequeño roedor se cruza en mi camino y huye despavorido escalera abajo. La puerta de la vecina está entreabierta. Después de dudar unos instantes, decido entrar. No puedo creer lo que veo. El piso está hecho un caos. De fondo, está sonando el tango “Talismán”. Me muevo con miedo, muy asustada. Me voy adentrando poco a poco en la vivienda y me llega un fuerte olor a colonia. El suelo está lleno de minúsculos trozos de cristal, de su frasco de perfume y, uno de ellos, algo más grande, está incrustado en el cuello de la malograda anciana. Apenas hacía dos días que se había quedado viuda y su marido también murió en extrañas circunstancias. No era ningún secreto que el matrimonio poseía una gran fortuna. De su dedo, fue arrancada su alianza, que fue un regalo de su marido cuando se prometieron. Me dispongo a llamar a la policía. La puerta se cierra de golpe… De mi cuello empieza a brotar sangre…

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