Palabra del día (4): posidonia

Tras el parón del fin de semana, volvemos de nuevo a la carga.

La propuesta de hoy de la RAE es

POSIDONIA (del latín científico ‘Posidonia’, que a su vez proviene del griego ‘Poseidón’):

  • Planta acuática de hojas largas y estrechas, de color verde o pardo, propia del Mediterráneo, que forma grandes extensiones submarinas.

Palabra del día (3): lezna

¿Alguien ha oído hablar de una lezna? Pues yo no. Es la primera vez que escucho (leo) esta palabra.

LEZNA:

  • Instrumento que se compone de un hierro con punta muy fina y un mango de madera, que usan los zapateros y otros artesanos para agujerear, coser y pespuntar.

Palabra del día (1): furgón

Hace un tiempo me descargué la app del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), por aquello de tener un buen diccionario siempre a mano.

La aplicación propone diariamente la ‘palabra del día’. Y he decidido compartirla con vosotros. Muchas, como la de hoy, son conocidas, otras no tanto, seguro que descubrimos algún significado oculto… Y es que enriquecer nuestro vocabulario nunca está de más, ¿no?

Ahí va la palabra de hoy:

FURGÓN (del francés ‘fourgon’):

  • Vehículo más pequeño que el camión, cuya cabina está integrada en la carrocería, destinado al transporte de mercancías y provisto, alginas veces, de dotaciones especiales de seguridad.
  • Vagón de tren principalmente destinado al transporte de correspondencia, equipajes y mercancías.
  • (En América Central, Ecuador, México y Puerto Rico). Vehículo de más de cuatro ruedas que tiene en la parte posterior una plataforma o un cajón cerrado para transportar cargas pesadas o de gran tamaño.
  • (En desuso). Carruaje cerrado, de cuatro ruedas, con pescante cubierto, que se usaba para transporte en las poblaciones.

Y expresiones:

  • Furgón celular: coche celular.
  • Furgón de cola: furgón que cierra la composición de un tren.
  • Ser alguien el furgón de cola: ser el último en una actividad (locución verbal coloquial)

 

La jubilación de Jorge

La emoción le embargaba por dentro. Era un día especial para Jorge. Era el día de su jubilación. Tenía sentimientos contradictorios. Por un lado, sentía felicidad, a partir de ahora podría dedicarse a su familia y a visitar museos, su otra gran pasión; y por el otro, le invadía la tristeza. No en vano, habían sido cuarenta años trabajando. No es que el de cartero fuese el mejor empleo del mundo, pero Jorge era un hombre muy de barrio y le encantaba recorrer calles y adentrarse en los portales. Y, cómo no, aprovechar para charlar con los vecinos. “Buenos días Rodrigo. Hoy no le traigo nada”. “Señor Ramón, espero que no sean malas noticias”. “Señora Lola, tiene un paquete en la oficina. Pase a recogerlo cuando quiera”.

La jornada tocaba a su fin y Jorge sentía el cosquilleo en el estómago. Sería la última vez que se subiría a su Vespa, que picaría a los timbres con su ya característico “El carterooo” y la imitación casi perfecta que hacía el loro del señor Manolo cada vez que lo escuchaba, que se despediría de sus compañeros hasta el día siguiente… Ni la amenaza de tormenta que anunciaron el día anterior en el telediario podía estropearle su momento. Una vez abrió la puerta de la oficina para recoger sus pertenencias, se sobresaltó al grito de “¡Sorpresa!”. Allí se encontraban todos sus compañeros de fatigas, los del turno de mañana, los de tarde, los del fin de semana… Nadie quiso perderse su fiesta de despedida ni el gran piscolabis que habían preparado. Pero ahí no acabó todo. Uno de sus compañeros lo llevó al pequeño cuarto que servía de trastero y Jorge se encontró con un álbum que contenía 40 dibujos, uno por cada año trabajado, y que eran réplicas hechas a mano de los sellos más originales y extraños que había visto el cartero durante todo ese tiempo, como uno que llevaba pegados pequeños granitos de arena, y de los cuales había hecho una minuciosa descripción. Jorge no pudo evitar que se le cayeran algunas lágrimas.

Con un emocionado “Muchísimas gracias” salió por última vez de la que fue su segunda casa durante muchos años para dedicarse al placer de disfrutar de la vida.