El último beso

Cuando giro la llave en la cerradura, se hace el silencio y luego se oye un grito. Una vez dentro, no puedo creer lo que veo: mi madre, de rodillas; él cogiéndole del pelo y con la hoja de un gran cuchillo acariciándole la yugular. Ella me mira suplicando, pidiendo perdón; él, impasible, sin importarle para nada mi presencia. Ella permanece inmóvil, puedo llegar a escuchar su corazón latir muy acelerado. Mueve los labios y finalmente logra articular palabra.

—El último… Sólo quiero darle el último beso a mi hija… por favor… Sólo eso…—Con un sutil gesto, él me permite acercarme a mi madre.

Al mismo tiempo que me agarro con fuerza a ella, voy notando como mi mano se humedece. No gritó, ni apenas se estremeció. Su cuerpo inerte se abalanzó sobre el mío y yo no pude evitar abrazarla como si mi vida también fuera en ello.

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