Víctima

Nunca me ha dado miedo volar en avión (y eso que le tengo un pánico terrible a las alturas), pero sí me da cierto respeto. Me entristeció muchísimo el accidente de avión que hacía el trayecto Barcelona-Düsseldorf, más si cabe porque sólo 18 días antes yo realicé el mismo trayecto y también volé por encima de los Alpes. Sigo pensando en que e avión es el medio de transporte más seguro, aunque sus accidentes (que afortunadamente no suceden cada día) cobren siempre tal magnitud. Cuando ocurren hechos como éstos, me siento también un poco víctima, porque inconscientemente pienso que me podría haber pasado a mí y porque me ‘han tocado’ un poco de cerca, el accidente de avión porque salía de mi ciudad de origen y llegaba a otra ciudad que llevo en el corazón y en el también reciente accidente de tren en Santiago, Galicia, porque es mi segunda tierra.

Y sí ya de por sí es macabro saber que el avión se ha estrellado, además en una zona de muy difícil acceso y lamentablemente enterarte de que gente cerca o no tan cercana a ti ha perdido a algún familiar conocido en el siniestro, más indignante (no se me ocurre expresarlo con otras palabras) es descubrir después de que fue el copiloto quien presuntamente estrelló el avión voluntariamente . Se supone que estamos en manos de los pilotos, que confiamos en ellos para que nos lleven aquí y allá. ¿Con qué cara los tenemos que mirar a partir de ahora cuando subamos al avión? ¿Qué tiene que pasar por la mente de estas personas para cometer tal atrocidad? Son preguntas de difícil respuestas, mientras miles de personas se retuercen de dolor.